martes, 29 de octubre de 2013

Life is an irony.

A veces los planes y las visiones a futuro que tienes no salen como lo esperas.

Me habían platicado tan bonito y tantas veces de trabajar en el Tec, que tenía años buscando una oportunidad. El objetivo principal era, poder salir a tener hijos, y regresar y que mi silla siguiera ahí, intacta. También quería hacer una maestría, pero nunca me animé.
Cuando tus planes van viento en popa, pueden cortarse de tajo y mandarte a la lona. Cuando esperaba irme y regresar para encontrar mi silla, me dicen sí te vas, pero ya no regresas.
Recorte garrafal, 250 personas. No fue por desempeño, ni por conducta; Sólo decisiones frías de negocios. Decisiones tomadas por hombres, porque de haber sido una mujer, podría asegurar que habría sido diferente.

Uno de mis exjefes, solía decir "las embarazadas no sirven para trabajar". Nunca pensé que fuera en esta institución, donde viniera a comprobar que no solamente él pensaba así.
Me dieron un mes para reubicarme dentro del sistema. De todas las entrevistas que tuve, en dos de ellas fueron tan honestos que me dijeron así, con todas sus letras "no me sirves ahora, buscame después que nazca el bebé".
Me aferré a quedarme con uno de los puestos, apliqué aquí, allá, insistí, llamé... pero nada. Supe de varios que se reacomodaron inclusive en puestos a los que yo fui a entrevista; y después de darle muchas vueltas, supe que no era por mí, era por mi situación.

¿Porqué nadie quiere a las embarazadas para trabajar? ¿Que ustedes nacieron del aire, o qué? Por más vueltas que le di no encuentro respuesta. Nunca me había tocado un recorte, o que me corrieran de ninguna parte. Todavía no puedo aceptar que ahí, no eres un talento, eres un número. Y cuando hay que hacerlos más chicos pues hay que hacerlo.
Esperaba compasión, pero no encontré nada. A las cabezas les encanta darte atole y prometerte que te van a ayudar, "yo te recomiendo", "yo conozco al director de allá", "yo tengo conocidos en el área de acá"... pero sólo te lo dicen y no hacen nada. Pero eso no es sólo en el Tec, es en cualquier parte.

Aprendí muchas cosas estando ahí; no sé si mayormente malas que buenas, pero fueron de las dos. Fue una serie de contrastes interesante, pues los primeros meses, y sin estar embarazada siquiera, ya quería ahorrar para que mis hijos estudiaran ahí. Pero con el tiempo, te vas dando cuenta que su interior no es lo de su exterior, y vas desistiendo de tu idea.

Cosas malas:
- Su mismo nombre lo indica: Tec-NO-lógico. Nada de lo que puedas aprender en la carrera es aplicado en sus procesos internos. Llenos de burocracia y de 20 firmas antes de que algo se libere. Llevan años tratando de cambiar eso, espero algún día lo hagan.

- Cuna del comadrismo, compadrazgo y nepotismo. Lo había visto en otras partes, pero nunca con tanta fuerza y descaro como aquí. Aún así, no deja de sorprenderme.

- Venta = Mentiras. Esto ya lo sabía, pero aquí lo volví a comprobar. 2 de los jefes que tuve son las personas más mentirosas y convenencieras que jamás había conocido. Por eso no creo en los vendedores y nunca, nunca lo haré. 

- No eres un empleado, eres un número más. Yo siempre dije que el Tec era noble... hasta que me mandaron a mi casa embarazada de 5 meses sin un sólo beneficio por ello. No hubo ni siquiera atención médica hasta el término del embarazo, por más que pregunté y por más que lo pedí. No hay consideraciones para nadie. Si te mandan a trabajar a España te vas con visa de turista y allá te haces garras. La institución no responde si algo te pasa en un viaje de trabajo. Estas ahí porque quieres y si no te puedes ir, hay otros 20 esperando ese lugar que dejas.

- Hay mucho Divo. Si tienes doctorado ya eres Dios, si tienes más de una maestría eres semiDios, y si tienes un puesto alto, eres intocable. No hay humildad en esas personas y lo único que te enseñan, es a no ser como ellas.

- El Tec es un negocio y mucha gente, como yo, nos negamos a creerlo. Aún y que esté registrada como algo sin fines de lucro. 

- Hice muy buenas amistades, pero la mitad de las personas que conocí con las que pude haber iniciado una linda amistad, son hipócritas. Hay que rascarle para encontrar a alguien auténtico.

Cosas buenas:

- El índice de deserción es del 15%. Si no te toca la gracia de ser corrido, como a mí, puedes pasar muchos años ahí, en diferentes áreas, o quizá en la misma. Como los procesos son lentos, en la mayoría de las áreas el trabajo es cómodo para todos y el nivel de estrés no es tan exagerado como las empresas externas.

- La mejor enseñanza que me dejó este lugar, fue la actitud. Cuando llegué me di cuenta que todos tienen el mismo nivel que tú: Todos hablan inglés, todos tienen maestría, todos tienen cursos y diplomados... TODOS. Lo que te hace sobresalir ante los demás, es la actitud. SIEMPRE la actitud.

La conclusión es que, contrario a lo que medio Monterrey piensa, es una empresa como cualquier otra, en donde también te corren, también te gritan y también te maltratan. Y reconocen tus logros (algunos, no todos). No es un trampolín para buscar una beca de estudio para los hijos, eso es sólo un espejismo y los únicos que tienen esa oportunidad, son los maestros de planta.

Mi vida está dando un vuelco después de esta sacudida. Los planes que tenía se están viniendo abajo, pero a lo mejor así tenía que ser. A veces es necesario alejarse de la gente que te daña o te hace peor persona, para volver al caminito y encarrilarte hacia la mejoría. 

Todavía no sé qué voy a hacer, pero algo saldrá... algo saldrá.

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