Ciertamente, alguien dijo alguna vez que los días estaban contados. Pero qué terror no saber cuándo, ¿no?
Me cae gordo que uno tiene que recibir sustos para valorar las cosas, ¿porqué?
¿Porqué no lo valoramos cada día?
A la gente que te rodea, que tienes trabajo, que los que quieres están contigo... en fin ando ñoña.
Pero por lo que acaban de pasar Carlos y Sandra me hace pensar que un día aquí estás y mañana no, y lo demás aquí se queda... tons pa qué? Es difícil entenderlo pero así es.
Luego en el hospital siempre de los siempres me vienen flashazos de mi papá, de cuando andaba pidiendo batas prestadas para que me dejaran entrar porque no había màs que un pase para todos los que querían verlo; y cuando los internos iban y checaban, y tomaban fotos, y hablaban, y observaban y trataban de hacer bromas a mi papá y nada lo levantaba, a pesar de que estaba vivo.
Me acuerdo de mis noches en el hospital. Sin ruidos, con las luces apagadas, con los estudiantes tirados en el piso leyendo libros y subrayando, yo sin poder dormir, escribiendo en servilletas y pensando porqué porqué, qué hice yo, qué hizo él, qué clase de lección tengo que aprender. De eso han pasado casi 7 años y todavía me dan terror los hospitales. Aunque vaya a ver nacimientos y tratar de compartir alegrías.
Tons?
Traumas insuperables no?
Nada es cierto y nada es mentira y todo está en la cabeza, y por ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario