A veces te odio, Walt Disney.
Por crear un mundo de fantasía en el que, cuando entras, nadie quiere volver a salir.
A veces odio tu visión, tu pasión por ver al mundo feliz, tu entrega.
A veces odio el tesón para lograr lo que quisiste y dejar al mundo un legado que dudo que el calentamiento global pueda aniquilar.
Odio tu mercadotecnia maldita, que te envuelve, te enamora, te jode. Mientras que a tí y a tus próximas 20 generaciones, los hacen millonarios.
A veces odio el que no se te haya ocurrido haber preparado a las princesas para el mundo real. Sería bonito vivir en el castillo feliz para siempre no? con tu vestidito, tus súbditos, tus jardines, tu caballito y tu príncipe.
O no haberle dicho a Donald que no todo en esta vida es sólo jugar y jugar sin descanso.
A veces odio el juego que haces con nuestras mentes para que olvidemos el mundo real; el mundo verdadero, el mundo en donde sí vives, y sí se sufre, y sí cuesta.
Aunque las veces que no te odio, me encantas.