martes, 10 de junio de 2008



Uno se pregunta porqué y nunca encuentra respuesta.


Y se fue así, tal como él lo quiso. Platicando con su esposa, sin dolor, sin agonía, sin quejas. Seguramente tal como lo pidió.

Luego dices, ¿y ahora qué? porque es tan difícil saber que ya no va a estar ahí sentadito leyendo el periódico con su lupa cuando entrabas a la casa, o viendo el partido de futbol de turno, o escuchando su música...

Ya no va a estar ahí y qué hacemos? A pesar de que en el fondo, sabíamos que ya se quería ir, ya estaba triste, tal vez fastidiado de esta vida y cansado de luchar.

Papá es la única persona que he visto que se aferra tanto a la vida por nosotros, que no tengo palabras para agradecerle.

Cuando se fue, buscaba con todas mis fuerzas en la caja de la memoria momentos en donde papá hacía lo imposible por hacerme feliz, y no encontraba. Solo me caian como flashazos momentos en los que mi papá se aferraba a vivir... cuando le amputaron su pierna, cuando lloraba por haber perdido vista en uno de sus ojos, su voz cuando lo operaron en México solamente vía telefónica podíamos saber de él... ¿porque?. Solo me caían a la cabeza memorias de su carita asustada cuando le tomabamos la presión, o el azúcar... o cuando se le terminaba una medicina y ya era tarde para ir a la farmacia y comprar otra caja.

En cambio, fue hasta el día siguiente, cuando cantidad impresionante de gente me abrazaba, que recordaba momentos donde él reía, o hacía bromas, o nos asustaba por detrás de la puerta.
No puedo terminar de escribir papá. No puedo.
Te extraño demasiado.